En diversos momentos de nuestras vidas debemos afrontar muchas situaciones que nos sorprenden de modo imprevisto ocasionando un cambio radical en nuestra cotidianidad. Quedamos perplejos, desolados, desorientados y sin saber cómo continuar con la vida después de lo que nos pasó. A veces nos cuesta demasiado tiempo y dolor superarlos quedándonos paralizados y desbordados por los acontecimientos.
Las crisis personales vienen precedidas de acontecimientos como cambios bruscos, rupturas, pérdidas, que ponen a prueba las capacidades del individuo tanto físicas, como psicológicas para hacer frente a la situación que se les presenta.
Toda situación que conduce a un cambio puede alterarnos en lo psicológico, físico y emocional, pero en las situaciones críticas la persona siente un verdadero conflicto interno, una desorganización y un desequilibrio en sus capacidades y recursos disponibles para afrontar situaciones nuevas.
En este momento se ponen a prueba todas las habilidades y recursos de los que dispone la persona, que en muchas ocasiones no son suficientes por sí solas para poder superarlas.
Las crisis pueden ser:
- evolutivas: Van ocurriendo a medida que la persona va cumpliendo años, como pueden ser las desarrolladas en la infancia, la pubertad, la tercera edad, el fallecimiento de un ser querido, es decir que podemos anticipar que va a suceder un cambio en la vida, como por ejemplo ante una enfermedad.
- circunstanciales: Estas crisis llegan de manera inesperada, y generalmente dependen más de factores externos que internos de la personas, como pueden ser:
- Pérdidas, como una ruptura de pareja, la partida de los hijos (síndrome del nido vacío), la muerte de un ser querido, etc.
- Momentos vitales como una mudanza de casa o de país, casamiento, tener un hijo, la enfermedad de un ser querido, etc.
- Situaciones inesperadas como contraer una enfermedad grave, sufrir un accidente, etc.
Todas estas situaciones nos obligan a reacomodarnos a la nueva situación y a realizar grandes cambios en nuestras vidas.
Estas y otras situaciones, aun las que producen felicidad , como tener un hijo, o un ascenso laboral, a veces nos generan una sensación de no saber cómo actuar, frustración, estrés, ansiedad, depresión, trastornos del sueño, irritabilidad o una sensación de poca adaptación al entorno.
Cualquiera de estas situaciones provocarán un impacto en la persona y tendrá que pasar por un periodo de adaptación a la nueva situación. Es un momento importante de vulnerabilidad para la persona y muy desconocido, por lo que en muchas ocasiones es necesaria la ayuda profesional que nos escuche, comprenda y oriente para lograr restablecer un equilibrio que nos permita adaptarnos.
Si necesitas ayuda, te puedo acompañar en este proceso!